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1. ESCRIBA UN TEXTO DONDE DIGAS CÓMO AFECTA EL CORONAVIRUS AL MUNDO, COLOMBIA Y CÓMO AFECTA TU VIDA DIARIA A NIVEL ECONÓMICO Y SOCIAL (2 AGINAS
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Introducción
Todavía es pronto para saber cuál será el impacto
económico de la pandemia global
del COVID-19. La clave estará en si el virus puede controlarse a lo largo
del segundo trimestre del año o si, por el contrario, sus efectos serán más
duraderos y vienen acompañados de complicaciones económicas adicionales, sobre
todo en el sector financiero. En el primer caso estaríamos ante un impacto
suave, en forma de “V”, que tan solo restaría algunas décimas de crecimiento a
la producción global. En el segundo, la situación podría ser mucho más
complicada, como anticipaba la
OCDE al plantear un recorte a la mitad (hasta el 1,5%) del crecimiento
mundial en 2020 en el escenario más adverso, que todavía puede ser revisado a
la baja y que cada vez parece más plausible.
Hasta el momento, las noticias económicas en relación al
virus se han centrado en la espectacular
caída de las bolsas y en los apresurados análisis acerca de su impacto
macroeconómico, que necesariamente tienen un alto componente especulativo
porque la situación actual es de incertidumbre radical. Aquí hay poco que
añadir: los mercados financieros exhiben comportamientos de rebaño y el miedo genera
ventas en cascada, huida hacia activos seguros como el oro o la deuda
estadounidense, apreciación del dólar y caída
del precio del petróleo y otras materias primas. Pero si los contagios
se controlan o se toman medidas que contribuyan a aumentar la confianza
podríamos ver movimientos en sentido contrario, por lo que, de momento, hay que
prepararse para semanas de alta volatilidad. En cuanto al impacto negativo
sobre el crecimiento, ya podemos decir que, desgraciadamente, y aunque termine
por ser en forma de “V” y no de “U” se dejará sentir bastante. El posible
futuro rebote no podrá compensar toda la caída de la actividad que ya estamos
viendo y cada vez parece más claro que la fase más crítica será más larga de lo
inicialmente previsto.
Como era de esperar, el frenazo se notará primero en
China –origen de la epidemia– y será fuerte, con el enorme efecto arrastre que
tiene sobre sus vecinos (y más allá) debido al papel clave que el gigante
asiático juega tanto como proveedor de bienes intermedios como finales a todo
el mundo (China es origen del 12% de las exportaciones mundiales, cuatro veces
más que hace 15 años). En la UE, EEUU y otros países, probablemente el impacto
económico se sentirá más tarde (en el segundo y tercer trimestre de 2020), y lo
hará de forma desigual. Es muy posible que Italia (y tal vez Alemania) entren
en recesión y habrá que ver cuál es el impacto sobre las economías que, como la
española, estaban creciendo con mayor fuerza aunque son más dependientes del
turismo, que se verá muy afectado. En todo caso, el efecto económico final
dependerá de la efectividad de las medidas de contención (cuarentenas,
restricciones a la movilidad y cierre o cancelación de aglomeraciones y eventos
públicos), la difícil gestión del miedo ciudadano y los efectos de las medidas
fiscales y monetarias que se vayan tomando. De especial relevancia será evitar
problemas serios de estabilidad financiera e insolvencia empresarial –en
particular de restricciones de créditos a empresas y aumento de los costes de
financiación de los países– como los vividos durante la crisis
del euro o las distintas crisis de países emergentes en las últimas
décadas. Por último, la colaboración y responsabilidad ciudadana podrá
contribuir a reducir el impacto de la pandemia mientras que negarla (como de
momento está haciendo Trump) saldrá caro.
Mirando a largo plazo
Más allá de los aspectos económicos inmediatos, la
crisis del COVID-19 nos deja una serie de lecciones sobre el futuro
de la globalización y su gobernanza. En primer lugar, pone blanco
sobre negro que, ante un mundo tan interdependiente, las acciones unilaterales,
además de ser inefectivas, son contraproducentes. La cooperación multilateral,
las respuestas coordinadas y la confianza en las instituciones con
conocimientos y experiencia (en este caso la Organización Mundial de la Salud)
son imprescindibles; y el aislacionismo y la improvisación trumpistas
especialmente peligrosas.
Segundo, debemos reflexionar sobre si el avance de la
globalización y la profundidad de las cadenas de suministro globales no se ha
hecho de forma demasiado desordenada, haciendo que los países europeos sean
demasiado vulnerables a los insumos intermedios provenientes de China. Tal vez
haya llegado el momento de diversificar mucho más nuestras fuentes geográficas
de aprovisionamiento y aprovechar las ventajas de la impresión en 3D para dar
un impulso a nuestra producción industrial doméstica. No se trata de negar las
ventajas de la especialización y de la división internacional del trabajo, sino
de aprovechar las reducciones de costes que posibilitan los avances tecnológicos
para reducir nuestra dependencia y aumentar nuestra autonomía sin reducir
nuestras capacidades de consumo y bienestar.
Tercero, la UE (y sobre todo la zona euro), corren el
riesgo de repetir los errores de descoordinación y lentitud de respuesta que se
dieron entre 2008 y 2013 ante la crisis financiera global y la crisis del euro.
Además, en un contexto de creciente
rivalidad geopolítica internacional y crisis
del multilateralismo y la cooperación, es cada vez más necesaria la unidad
europea y, a la vez, más fácil que las situaciones críticas acentúen las
divisiones. Deberían, por tanto, evitarse acciones unilaterales (como las
restricciones a las exportaciones de material médico anunciadas por Alemania,
Francia o Austria), que abren brechas para que potencias externas puedan
debilitar la Unión. Además, como se ha mencionado, crisis de este tipo ponen de
manifiesto la necesidad de avanzar en la integración, tanto en temas de unión
económica y monetaria como en cuestiones de política migratoria, de seguridad o
de apoyo a campeones europeo en sectores estratégicos, que en ningún caso
pueden ser franco-alemanes.
Cuarto, la pandemia tendrá importantes implicaciones
geopolíticas que todavía son difíciles de anticipar. Todavía no sabemos si el
COVID-19 reforzará o debilitará a China. Su aparente efectiva respuesta a la
pandemia (que está por confirmar) podría darle alas al gobierno, pero si la
economía se frena o si se descubre que su gestión de la crisis no ha sido tan
exitosa, podría pasar lo contrario. No olvidemos que la economía china
decrecerá en el primer trimestre del 2020 por primera vez desde la Revolución
Cultural en 1968.
Por otra parte, la crisis económica derivada de la
pandemia podría poner en jaque la sostenibilidad de la deuda pública y privada
en algunos países emergentes que están experimentando fuertes salidas de
capital y depreciaciones de sus monedas, con el consiguiente impacto político y
social. Por último, si el precio del petróleo se mantiene bajo por la caída de
la demanda, habría una importante transferencia de rentas desde los países
productores a los consumidores (entre ellos España), así como importantes
problemas económicos para algunos países exportadores que ya se encuentran en
situaciones de vulnerabilidad.
En quinto lugar, y por el lado positivo, esta crisis nos
puede dejar importantes lecciones sobre las posibilidades y la efectividad del
teletrabajo, permitiéndonos testar muchas de las herramientas que las nuevas
tecnologías nos ofrecen. En la medida en la que aprendamos a aprovecharlas,
podríamos reducir los desplazamientos urbanos, lo que contribuiría a reducir
las emisiones de gases de efecto invernadero y luchar
contra el cambio climático. Sin embargo, esto exigirá liderazgo y
determinación por parte de las autoridades una vez que la crisis hay pasado.
Conclusiones
En definitiva, los gobiernos se enfrentan a una difícil
disyuntiva entre parar la actividad económica o parar la pandemia. Cuanto antes
se impongan medidas severas para frenar la expansión del virus y más drásticas
sean, mayor será el impacto económico a corto plazo, pero más rápida puede ser
la contención de la pandemia. Las medidas de contención de los contagios como
las restricciones a la movilidad o las cuarentenas, tendrán que imponerse en
todo caso (en el límite, cuando colapse el sistema sanitario, e idealmente,
antes).
Pase lo que pase, el impacto económico en el segundo
trimestre de 2020 en Europa será severo, pero todavía es posible que la
recuperación será relativamente rápida si el frenazo no dura demasiados meses,
lo que requiere una respuesta de política económica –tanto fiscal como
monetaria– fuerte y el suficiente liderazgo y coordinación políticas para
frenar el miedo de la ciudadanía. Además, las sociedades más cohesionadas y
cívicas serán capaces de afrontar mejor el reto porque durante los próximos
meses un individualismo exagerado puede conducir al desastre.
Por último, esta crisis nos muestra algunos de los
riesgos tanto de la hiper-globalización como de tener una Unión Económica y
Monetaria incompleta y una UE insuficientemente integrada desde el punto de
vista político. Es, por tanto, una nueva llamada de atención para los europeos.
Federico Steinberg
Investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid | @Steinbergf
Investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid | @Steinbergf
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